lunes, 19 de mayo de 2014

Hungry planet: la desigualdad sobre la mesa





El más básico de los comportamientos humanos – lo que comemos – es lo que investigaron Peter Menzel y Faith D’Aluisio en su proyecto Hungry Planet que pone sobre la mesa, sin trampa ni cartón, la desigualdad que existe en el mundo mediante imágenes que retratan a la familia media con la comida que consumen a lo largo de una semana. 

El proyecto llevó a los autores a 24 países para retratar a familias típicas de cada uno de ellos con su compra para una semana. Reunidas en el libro Hungry Planet: What the World Eats y vistas una tras otra, junto a los datos económicos de la cesta de la compra de cada famuilia, se convierten en un auténtico despierta-conciencias que nos hace reflexionar, y mucho, no solo sobre las desigualdades en los presupuestos (desde los 79 centímos a los 345 €) y en las calorías, sino también en el coste ecológico de la forma de comer del llamado "Primer Mundo". En un momento en el que prestigiosos economistas como Thomas Picketty y admirados pensadores como Zygman Bauman, entre otras muchísimas voces, hablan de un futuro precario en el que se acentuarán las desigualdades no solo entre Primer y Tercer Mundo, sino también dentro del Primero y vivimos también con la incómoda verdad de una crisis medioambiental, revulsivos como éste son muy necesarios para hacernos actuar. Como buenamente podamos.

Hemos elegido tan solo diez familias como muestra de lo que puedes encontrar en el libro, que está disponible en Amazon.


Familia Sturm (Hamburgo Alemania): 253,29 €.


Familia Ottersland (Giettum, Noruega): 379,41 $


Familia Ukita (Kodaira, Japón): 317,25 $


Familia Aboubakar (Campamento de refugiados de Breidjing, Chad);: 1,23 $


Familia Revis (Carolina del Norte, EEUU);: 341,98 $


Familia Casales (Cuernavaca, México): 189.09 $


Familia Ahmed (Cairo, Egipto): 68,53 $


Familia Namgay (Shingkhey, Bután): 5,03 $


Familia Bainton (Clingborne, Gran Bretaña): 253,15 $


Familia Natomo (Kouakourou, Mali): 26,39 $

Fotos: Peter Menzel





lunes, 12 de mayo de 2014

¿El ocaso del shopping mall?: Black Friday de Seph Lawless


Eran los templos del consumo de masas y, al mismo, tiempo la plaza del pueblo en un estilo de vida alienada y materialista que priorizaba lo material sobre lo personal. Su ocaso se debe, desgraciadamente, a la crisis, pero también puede ser interpretado como un símbolo de una nueva forma de vivir en la que, valga la redundancia, la calidad de vida no se centre en lo material.


Para Seth Lawless, autor del libro Black Friday: The Collapse of the American Shopping Mall, estas fotografías de dos centros comerciales abandonados en su ciudad natal. Cleveland (Ohio) tenían un objetivo: “enseñar al mundo una cara diferente de América. Una cara vulnerable. Creo que un centro comercial abandonado es un símbolo de la decadencia económica de América y un indicativo muy claro de lo que ocurre cuando ciudades como Cleveland sufren una pérdida masiva de población a causa de la pérdida de empleos en la industria”. La ciudad ha perdido en los últimos años la mitad de la población si se comparan las cifras con las de mediados de los años 70 cuando se inauguró uno de los centros retratados: el Randall Park Mall por entonces el más grande del mundo con más de 5000 empleados.


Aunque suene a día de desplome de la Bolsa, el acontecimiento que titula el libro de Lawless es, sin embargo, una celebración del consumismo más salvaje. El viernes negro, celebrado después del día de Acción de Gracias, da el pistoletazo de salida de las compras navideñas con suculentos descuentos para los compradores más previsores y madrugadores, que hacen largas colas a las puertas de los centros comerciales para aprovecharlas. Las Navidades son, por excelencia, una de las tradiciones que más se identifican actualmente con el consumo. Pero no es la única. Si lo pensamos bien, ¡hay tantas cosas que asociamos con el consumo!, incluidas no solo nuestra diversión, sino también nuestra felicidad, satisfacción o incluso valía…


Que el materialismo nos ha hecho infelices se demuestra científicamente:

Sin embargo, recientes estudios científicos demuestran que lo material no solo no nos dado la felicidad sino que nos ha hecho infelices. Estudios que van más allá de lo que todos ya sabemos o de “los ricos también lloran” como los que el psicoterapeuta Graham Music  reúne en su libro The Good Life: Wellbeing and the New Science of Altruism, Selfishness and Immorality. Music confirma, a través de datos reunidos por científicos en estos últimos 40 años que los materialistas tienden a ser infelices, aquellos que prioricen los bienes materiales seguirán siendo infelices y que el mercado se alimenta de infelicidad. Entrar en su juego es, por tanto, muy lucrativo para el mercado y muy mal negocio para nosotros.


Saltando del hedonic treadmill:

Seguir subidos en los que los especialistas han llamado muy gráficamente el hedonic treadmill (más o menos cinta corredora hedonista) es muy mal negocio para nosotros en una coyuntura en la que debemos disociar satisfacción y consumo por dos motivos: por nosotros mismos y por el planeta. El consumo masivo de las últimas décadas fomentado por un mercado muy hábil en crearnos nuevas necesidades que no son eso sino deseos también hábilmente disfrazados de necesidades es, desde luego, inviable en nuestras nuevas circunstancias laborales, económicas y de crédito. Pero también es poco deseable para un planeta que consume, al año, un 23% más de las reservas de lo que debería y no sabe literalmente qué hacer con todos los deshechos que producimos.


Materialismo VS Ecología:
No creemos que nadie se sorprenda al leer las consecuencias del estudio realizado por Tim Kasser, profesor de psicología en Knox College (Illinois) que determina que si lo que amas son los objetos materiales amarás menos a las personas y, por ende, al  planeta. La conexión entre el crecimiento del materialismo y la indiferencia hacia la ecología no es pura coincidencia, como tampoco la conexión entre el materialismo y la desigualdad o la desconfianza hacia los demás. El dinero, para Kasser, no solo embrutece sino que puede ser una auténtica droga paranoica. Music coincide:  “Aquellos con valores más materialistas tienen peores relaciones y con mayores conflictos”. Y advierte que, en contra del sentido común y de la realidad, “Esto puede ser significativo si se confirma el giro hacia valores más materialistas en Occidente”.  ¿Aún más? Que no se diga que no estamos advertidos.
Fotos: Seth Lawless (www.sethlawless.com)

jueves, 8 de mayo de 2014

Cohousing: vivir en comunidad


El cohousing nació en Dinamarca durante la década de los 60 para luchar contra la alienación de las grandes ciudades con una propuesta de vida comunitaria que potencia tanto lo común como lo privado. Esta idea vuelve ahora con fuerza y con un nuevo significado en esta sociedad en crisis no solo social y económicamente sino también en lo medioambiental. Ahora, en el siglo XXI, este tipo de vivienda colaborativa se puede convertir en una opción que resuelva muchos de nuestros problemas. 

Olvida los tópicos de las comunas hippies, olvida los hare krishna-hare rama, olvida las vestimentas tie-dye, olvida el amor libre... porque un cohousing no es eso. Se trata de unas viviendas colaborativas que recuerdan más a un pueblo que a una comuna. Un pueblo diseñado, además, entre todos sus habitantes y regido de forma asamblearia entre todos ellos. Pero, además, una forma de vivir en comunidad, conociendo y apreciando al prójimo,compartiendo trabajos y dividiendo reponsabilidades y, además, de forma mucho más barata y ecológica. Y quizás también más feliz porque el ser humano lo es mucho más cuando está conectado con otros y cuando aporta al bien común.

Cada cohousing está diseñado y organizado tal y como desean sus componentes que participan en todo el proceso desde sus inicios. Es decir, el diseño es el que sus habitantes quieren, así como también los servicios comunes son los que cada colectivo quiere. No hay una idea preconcebida, nada está prefabricado: está todo por hacer en aras del bien común y del individual. Por eso es tan importante que los habitantes participen del proceso de creación desde el principio, de esa manera se garantiza que todo el mundo esté satisfecho y también que la comunidad esté bien consolidada antes de que comience la convivencia.

La estructura esencial de una vivienda colaborativa como ésta es la siguiente: casas individuales alrededor de una "casa común" con servicios, por ejemplo, de lavandería, biblioteca, zona de juegos, guardería e incluso comedor. Los servicios comunes hacen posible que las casas sean más pequeñas, y la vida en comunidad permite que se compartan las labores diarias... Familias monoparentales que encuentran apoyo en los vecinos, niños que se crían con otros niños o con abuelos "postizos" que se sienten útiles y, a la vez, cuidados por los demás.  La vida en un cohousing puede tener muchas ventajas siempre y cuando estés dispuesto a involucrarte.

La idea se entiende muy bien en este vídeo del cohousing Belterra (Vancouver, Canadá). Empieza con una pregunta sencilla pero rotunda "¿Qué es un hogar?" y la pequeña que hace las veces de narradora nos introduce en una casa diciendo. "Esta es mi casa. Hay algunas habitaciones de la casa que usamos mucho, hay cosas que usamos mucho. Hay otras habitaciones que usamos poco, hay cosas que no usamos casi nunca". Así de sencilla es la explicación de un cohousing: una casa en la que tienes lo que usas y lo que necesitas, porque todo lo demás está compartido. Puede parecer un cuento de hadas pero no lo es. Es una realidad y una opción.



Más combativos son los testimonios de los habitantes de LILAC (Low Impact Living Affordable Community) en Leeds (Reino Unido) en este vídeo que muestra todo el proceso del proyecto. Se habla de compartir, desde luego, pero también se reivindica la sostenibilidad,  el derecho a tener una vivienda digna y, sobre todo, libertad. Como dice una de sus habitantes: "es una de las maneras en las que la gente normal podemos elegir cómo vivir".


LILAC Cohousing Documentary from LILAC on Vimeo.

En España también han llegado los proyectos de vivienda colaborativa y curiosamente han sido los más mayores los más rápidos en abrazar la tendencia (¡viva los coolhunters y trendsetters de la tercera edad!). Housekide, en Donosti, es un buen ejemplo.


miércoles, 30 de abril de 2014

Agotados por el trabajo: Tokyo Street Sleepers de Adrian Storey


Al mudarse a Tokyo, al fotógrafo británico Adrian Storey le sorprendió ver a gente durmiendo en en el andén del metro, en las escaleras, en un banco... en cualquier sitio. Así nació su serie Tokyo Street Sleepers, cuyas imágenes nos hacen reflexionar sobre la cultura del trabajo en el país que tiene una palabra para la muerte por agotamiento en el trabajo: karoshi


La historia más conocida de este fenómeno reconocido por el Ministerio de Sanidad japonés en 1987 y que afecta, según el Consejo Nacional de Defensa de las Víctimas de Karoshbi, a 10.000 personas al año, es la de un ingeniero de Toyota .Trabajó más de 80 horas extra al mes en sus dos últimos meses de vida incluyendo noches , fines de semana y viajes frecuentes al extranjero. Su hija le encontró muerto de un infarto cerebral justo antes de salir de viaje de trabajo. A este lado del mundo, este mismo verano, moría un becario del Bank of America. Tenía 21 años y hacía sus prácticas en la oficina de Londres, y había trabajado sin parar hasta las 6 de la mañana durante tres días seguidos. Con cinco millones de parados - dos de ellos de larga duración - dispuestos a estas alturas a cualquier cosa para encontrar trabajo, autónomos bajando sus tarifas a mínimos antes insospechados,  y aquellos que tienen contrato bajo presión constante, esperemos que jamás tengamos que buscar una traducción de karoshi por estos lares.







Fotos: Adrian Storey
Vía: Lostateminor.com

martes, 29 de abril de 2014

Everything you buy is rubbish: las primeras zapas de basura oceánica


"Todo lo que compras es basura", afirman tres británicos autores de la primera zapatilla hecha 100% con basura oceánica y que jamás verás en una tienda porque, directamente, no se vende. No se trata de una campaña de concienciación a través de la moda sino un único prototipo a través de cuya difusión quieren enviar un mensaje claro y rotundo de anticonsumo y decrecimiento. 

Y en parte tienen razón. Todo lo que compras, de una manera u otra, acabará en un vertedero. Algo de lo que tus abuelos tiraron, de hecho, sigue estando en un vertedero. Sobre todo, el plástico. que sobrevivirá a muchas generaciones de sus descendientes. El problema del plástico en los mares y océanos es tremendamente acuciante. Hace tiempo que se descubrió lo que ha recibido el terrorífico nombre de "Séptimo continente": un basurero flotante en el Pacífico, un gigantesco remolino de miles de toneladas de plástico flotante a unos mil kilómetros de Hawái. Hace unos días, la búsqueda del avión malasio desaparecido descubrió otra mancha de unos ¡cinco millones de kilómetros cuadrados! No es por fastidiarte las vacaciones, pero este verano cuando se te enreden más bolsas de plástico que algas y naden entre tus pies más basura que pececillos de colores, imagina lo que hay mar adentro. Por cada kilómetro cuadrado de mar hay 46.000 piezas de plástico flotante según el programa de la ONU para el Medio Ambiente, que también ha cifrado las piezas de plástico que van a parar al mar todos los días: 3,5 millones.

Son cifras escalofriantes, inimaginables pero reales. Y no es la primera vez que las escuchamos. El mensaje está claro y ya se ha lanzado pero ni los gobiernos ni, desde luego, el mercado están dispuestos a tomar medidas, ni tienen ninguna pinta de que vayan a cambiar los sistemas de envasado del consumo a gran escala. Pero, ¿y los ciudadanos que también podemos cambiar algo las cosas cambiando nuestros hábitos de consumo? Quizás, se preguntan Charles Duffy, William Gubbins y Bill Turvey, estamos tan mediatizados por el consumismo que tan solo seremos consciente del problema de la basura cuando ésta se convierta en un objeto de consumo. Ergo las zapas. 








El proceso de fabricación del prototipo:



Más info en Everything you buy is rubbish. 

lunes, 28 de abril de 2014

Playmobilism: el activismo "click" de Nikos Papadopoulos



Padre feliz pero griego cabreado, Nikos Papadopoulos, le cogió prestados los clicks al niño para recrear lo que estaba viendo en su país. Usó su página de FB, Plasticmobilsm, para enseñar lo que hacía, gustó, y se encontró con ¡una demanda! Su imaginativa y incisiva crítica a la política de austeridad de la Troika no le había hecho ninguna gracia a la firma alemana Playmobil.


La firma alemana exigía la retirada de todas las fotos de Papadopoulos alegando que vulneraban los derechos de autor, pero la presión mediante una campaña de mails de los seguidores de este astrofísico y guionista griego consiguieron pararle los pies a Playmobil. Sus impactantes imágenes han seguido circulando por la red con su escenificación de las cosas que están ocurriendo en su país. Bueno, no solo en el suyo... Corrupción, plutocracia, pobreza, desahucios y suicidios, represión policial, falta de confianza en las instituciones y en la democracia, y la eterna letanía de que nos recuperamos y de que hay que reactivar el consumo. Suena muy familiar. Demasiado.









Fotos:  Plasticmobilism