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miércoles, 12 de marzo de 2014

Transition Towns: ciudades empeñadas en vivir sin petróleo



Las ciudades en transición es un movimiento global que empezó en una pequeña ciudad de 10.000 habitantes del sur de Inglaterra, Totnes, donde vivía su creador, Rob Hopkins un profesor de permacultura,impulsor de esta tendencia cuyo objetivo es que las comunidades sean autosuficientes y sostenibles. Hopkins apunta a que el petróleo y sus vaivenes controlan nuestra vida, un control del que debemos escapar estableciendo nuestra propia soebranía local y alimenticia. Pero no sólo es la tiranía del oro negro a lo que se oponen los "transicionistas", ellos pretenden, además, anticipar al “pico” del petróleo que está a punto de ocurrir. 

Es decir, antes de que el petróleo sea tan caro que el precio de la vida se disparen de tal manera que para muchas comunidades del “Primer Mundo” cualquier acto diario sencillo como desayunar, comer y cenar sea “insostenible”, impulsemos un cambio en la forma de vida de nuestra comunidad que nos permita crecer localmente y ser autosuficientes. Debemos abandonar los malos hábitos que hemos adquirido en épocas en las que el petróleo era barato y abundante. ¿La principal? La globalización. Ese mercado planetario que nos "vende" como un regalo que comamos una manzana traída desde la otra esquina del mundo - o peor aún, trasladada a la esquina opuesta del mundo, encerada y devuelta la esquina de nuestra calle - que deja tras de sí una gigantesca huella de carbono y destruye puestos de trabajo locales.



A estas alturas no hay nadie que ponga en duda que el petróleo es un recurso limitado y que tiene los días contados, así que no hay más debate que cuánto tiempo queda hasta que la producción mundial de crudo llegue a su cenit y comience a declinar. La Agencia Internacional de la Energía lo sitúa en 2020, otras fuentes señalan fechas alarmantemente tan cercanas como 2013, 2015. La “incómoda verdad” del cambio climático y sus efectos sobre nuestro planeta ha elevado la alerta al color rojo y miles de comunidades, pueblos y ciudades en el mundo han decidido pasar a la acción, de forma positiva y sin dramatismos con una transición según sus necesidades reales y sus posibilidades hacia la vida sin el oro negro.

Quienes participan en las iniciativas de transición han hecho cambios en su forma de vida: gastan menos energía, reutilizan las cosas, viven cerca de donde trabajan, buscan materiales locales para sus casas, cultivan huertos o compran producto local. Algunos comparten sus jardines con aquellos que viven en pisos para cultivar, otros aprenden habilidades tan corrientes antiguamente y tan inusuales ahora como tejer, coser o remendar. Todos ellos utilizan menos el coche y muchos han decidido no viajar. Entre ellos, el creador del movimiento. Hopkins hace años que renunció a volar en avión y cuando se le solicita una conferencia, sólo pone una condición: que sea a través de video conferencia. Algunas ciudades como Totnes, incluso tiene su propia moneda, la Totnes-pound, han creado cooperativas para tener granjas orgánicas que cubren las necesidades de las familias “socias” y cuyo excedente sirve para aprovisionar las tiendas locales; y en todas se habla de comunidad y de ser proactivos y actuar colectivamente por una vida mejor, más conectada y más arraigada y, sobre todo, pensando en el futuro.



Desde que Totnes comenzará su transición en 2006, muchas otras ciudades del mundo han seguido su ejemplo . Todas unidas en la red de transición o Transition Network, una red sin liderazgo que se desliga del posicionamiento político de grupos activistas ecologistas o anticapitalistas, y cuya misión es ofrecer herramientas de formación para quienes quieran iniciar una iniciativa en cualquier parte del mundo. Es decir, comparten libremente información con quien la quiera o necesite, animando a que cada comunidad cambie su modelo y lo mejore.: "Si alguien quiere empezar, que lo haga. No tiene que pedir permiso a nadie. La Transición es un experimento social fascinante que ofrece una serie de herramientas para comenzarlo”.



A España también ha llegado el eco de la iniciativa de la transición y, en estos momentos, en algunas ciudades como Coín (Málaga), Barcelona o Vilanova i la Geltru se están organizando grupos que se reúnen una vez a la semana en asamblea abierta a cualquiera que quiera participar para discutir iniciativas y acciones concretar y ponerlas en marcha. Puedes encontrar información sobre éstas poblaciones en la web del Movimiento de Transición.

Aquí os dejamos el video del documental Las voces de la transición, en el que podréis ponerle cara a algunos de los protagonistas de esta iniciativa, entre ellas las del propio Hopkins.

lunes, 20 de junio de 2011

AMPLIAMOS NUESTRO "CAMPO DE CULTIVO"


Seguimos cultivando, sí. Las tomateras nos dan muchas satisfacciones. Las lechugas, muchos quebraderos de cabeza. Como novatos que somos, la hemos liado parda con éstas y hemos plantado las semillas a puñados en el mismo tiesto. La lógica, de repente, nos ha golpeado: ¿cómo van a salirnos las lechugas así, todas apelotonadas? Así que hemos separado los brotes y los hemos replantado en jardineras. La “mudanza” nos ha estresado un poco y salimos todos los días con el alma en un vilo a ver si sobreviven. Por ahora, llevamos algunas bajas aunque tenemos más supervivientes. En cualquier caso, hemos ampliado el campo de cultivo a algunas aromáticas. Una de ellas, la hierbabuena, nos ayudará a combatir la ansiedad “agricultora” a golpe de mojito.



Cuando decimos que hemos ampliado el campo de cultivo no nos referimos sólo a nuestro micro-huerto en la terraza, sino a algo más metafórico y… mucho más grande. De lo micro a lo macro, se podría decir. De la potencia al acto. De la conciencia a la acción. De lo individual a lo colectivo.










De nuestra terraza de pocos metros cuadrados a seguir visitando los huertos comunitarios que encontramos por Madrid. El de esta semana, el Jardín Patio Maravillas en un solar abandonado de propiedad municipal en la calle Antonio Grilo 8. Nos pasamos y encontramos a Marta cuidando de él. Nos cuenta que han intentando conseguir que el Ayuntamiento les cediera el pequeño solar y que parecía que la cosa avanzaba. Antes de las elecciones, eso sí. Ahora, después de la re-victoria de Ruiz Gallardón parece que ya no hace falta ponerse más populismo por montera, y los trámites se han paralizado. Marta explica que el huerto no está pensado para el auto-consumo autosuficiente (valga la redundancia) sino para servir como punto de encuentro para la comunidad, como un sitio de reunión, lúdico... y educativo. Se cosechan alimentos, sí, pero se concinan y se organizan comilonas para los que quieran acudir, chocolatadas para los niños, talleres para hacer, por ejemplo, cosmética natural, se recuperan plantas ornamentales que la gente tira cuando están pochas… Y entre unas cosas y otras, se enseña otra forma de vivir. Y se crea comunidad. Buena prueba de ello es un contenedor para agua de lluvia que acaba de “donar” otro huerto de Madrid, Esta es una plaza de Lavapiés (de la que ya hablamos en otro post, pincha aquí para leerlo) . Los huertos hacen comunidad.




Detalles aparentemente anecdóticos como este son auténticas metáforas de cosas mucho más grandes. Una minúscula semilla que está dando frutos y que puede acabar cambiando nuestras vidas, nuestro mundo. Pequeños movimientos no liderados, espontáneos, comunitarios como las Transition Towns, un movimiento internacional de personas que, ante la indiferencia de los gobernantes ante el inminente pico del petróleo y la amenaza climática, han decidido tomar medidas para convertir sus ciudades en sostenibles e incluso autosuficientes. Son tres las premisas de las iniciativas de transición:

1) Es inevitable que, a medio plazo, tengamos que vivir con un consumo de energía mucho más bajo, así que más vale que no nos pille por sorpresa.

2) Tenemos que actuar colectivamente y tenemos que hacerlo ahora.

3) Liberando el genio colectivo a nuestro alrededor podemos diseñar creativa y proactivamente nuestro descenso energético, y construir formas de vida más conectadas, ricas y conscientes de los límites biológicos del planeta.

Son ciudades en las que proliferan los jardines comunitarios, claro está. Pero lo que son es comunidades que quieren un mayor bienestar siendo más sostenibles, teniendo menor gasto energético y menos residuos, y en las que los ciudadanos se sientan eso mismo, ciudadanos, miembros activos y de derecho de una comunidad. Poblaciones en las que se priorice lo local, sobre lo global lo comunitario sobre lo masivo, los valores sobre lo material. Lo micro sobre lo macro. Ideas que entroncan con otros movimientos como el Slow o con la postura que promulga el documental (y organización) The Economics of Happiness que alerta de los males del liberalismo salvaje y del mercado globalizado. (pincha en cada link para ir a nuestro artículo en La ConTÚpedia)




Ahora nos ronda en la cabeza la idea de “consumo local”. Y hemos investigado sobre los beneficios de la localización versus las consecuencias e incoherencias de la globalización, tal como escribimos en nuestro artículo Globalización económica en nuestra pequeña enciclopedia, la ConTÚpedia. Y en aras de la localización hemos decidido unirnos a un grupo de consumo que nos permita consumir producto local que deje la menor huella de carbono posible y, de paso, permita la supervivencia de los pequeños agricultores de nuestra zona. Hemos ampliado nuestro campo de cultivo. O de batalla, según se vea. Y hemos salido hoy, 19J, a la calle con miles de otros madrileños a permitirnos soñar, por primera vez en mucho tiempo, que podemos cambiar el mundo. Hacerlo mejor, más justo, más solidario, menos materialista, más humano y, ¿por qué no?, más limpio.

¡Y todo esto empezó con esta tomatera!