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jueves, 8 de mayo de 2014

Cohousing: vivir en comunidad


El cohousing nació en Dinamarca durante la década de los 60 para luchar contra la alienación de las grandes ciudades con una propuesta de vida comunitaria que potencia tanto lo común como lo privado. Esta idea vuelve ahora con fuerza y con un nuevo significado en esta sociedad en crisis no solo social y económicamente sino también en lo medioambiental. Ahora, en el siglo XXI, este tipo de vivienda colaborativa se puede convertir en una opción que resuelva muchos de nuestros problemas. 

Olvida los tópicos de las comunas hippies, olvida los hare krishna-hare rama, olvida las vestimentas tie-dye, olvida el amor libre... porque un cohousing no es eso. Se trata de unas viviendas colaborativas que recuerdan más a un pueblo que a una comuna. Un pueblo diseñado, además, entre todos sus habitantes y regido de forma asamblearia entre todos ellos. Pero, además, una forma de vivir en comunidad, conociendo y apreciando al prójimo,compartiendo trabajos y dividiendo reponsabilidades y, además, de forma mucho más barata y ecológica. Y quizás también más feliz porque el ser humano lo es mucho más cuando está conectado con otros y cuando aporta al bien común.

Cada cohousing está diseñado y organizado tal y como desean sus componentes que participan en todo el proceso desde sus inicios. Es decir, el diseño es el que sus habitantes quieren, así como también los servicios comunes son los que cada colectivo quiere. No hay una idea preconcebida, nada está prefabricado: está todo por hacer en aras del bien común y del individual. Por eso es tan importante que los habitantes participen del proceso de creación desde el principio, de esa manera se garantiza que todo el mundo esté satisfecho y también que la comunidad esté bien consolidada antes de que comience la convivencia.

La estructura esencial de una vivienda colaborativa como ésta es la siguiente: casas individuales alrededor de una "casa común" con servicios, por ejemplo, de lavandería, biblioteca, zona de juegos, guardería e incluso comedor. Los servicios comunes hacen posible que las casas sean más pequeñas, y la vida en comunidad permite que se compartan las labores diarias... Familias monoparentales que encuentran apoyo en los vecinos, niños que se crían con otros niños o con abuelos "postizos" que se sienten útiles y, a la vez, cuidados por los demás.  La vida en un cohousing puede tener muchas ventajas siempre y cuando estés dispuesto a involucrarte.

La idea se entiende muy bien en este vídeo del cohousing Belterra (Vancouver, Canadá). Empieza con una pregunta sencilla pero rotunda "¿Qué es un hogar?" y la pequeña que hace las veces de narradora nos introduce en una casa diciendo. "Esta es mi casa. Hay algunas habitaciones de la casa que usamos mucho, hay cosas que usamos mucho. Hay otras habitaciones que usamos poco, hay cosas que no usamos casi nunca". Así de sencilla es la explicación de un cohousing: una casa en la que tienes lo que usas y lo que necesitas, porque todo lo demás está compartido. Puede parecer un cuento de hadas pero no lo es. Es una realidad y una opción.



Más combativos son los testimonios de los habitantes de LILAC (Low Impact Living Affordable Community) en Leeds (Reino Unido) en este vídeo que muestra todo el proceso del proyecto. Se habla de compartir, desde luego, pero también se reivindica la sostenibilidad,  el derecho a tener una vivienda digna y, sobre todo, libertad. Como dice una de sus habitantes: "es una de las maneras en las que la gente normal podemos elegir cómo vivir".


LILAC Cohousing Documentary from LILAC on Vimeo.

En España también han llegado los proyectos de vivienda colaborativa y curiosamente han sido los más mayores los más rápidos en abrazar la tendencia (¡viva los coolhunters y trendsetters de la tercera edad!). Housekide, en Donosti, es un buen ejemplo.


viernes, 20 de abril de 2012

HEMPCRETE: Otra alternativa de la bioconstrucción


Que debemos buscar alternativas a nuestras emisiones de CO2 ya no debe ser algo inalcanzable; si resulta que alguna de ellas cumple una doble función, como es paliar nuestro impacto en el medio ambiente y, además, ser accesible económicamente, entonces se convierten en idea brillante. Eso es Hempcrete, una solución ingeniosa de mentes brillantes, que ha hecho del "Legalize Hempcrete" nuestro grito de guerra. 


Hace poco nos enteramos de la noticia de que los propietarios de las ruinas del Castillo de Knapp, Santa Bárbara, California, estaban proyectando la construcción de su casa a partir de un material extraído del cáñamo: el Hempcrete. Esto despertó nuestra curiosidad, y, tirando del hilo, lo que encontramos fue una quimera hecha realidad, que por otra parte, es tan real, que ya está certificado por el LEED (un organismo del gobierno americano que asegura la correcta clasificación, diseño y construcción de edificios sostenibles). 





El Hempcrete, una mezcla de cáñamo, cal y agua, es extremadamente eficiente ahorrando energía y resulta un eficaz aislante contra la humedad, los insectos y el fuego. Además, y esto es una de sus características mágicas, absorbe dióxido de carbono: Unos 165 kgs. por metro cúbico ¿Qué más se puede pedir? Que, además, sea accesible a nuestro bolsillos.
En la web de la empresa que comercializa el Hempcrete, Hemp Technologies, tienes casos reales de casas fabricadas a partir del material con superficies, precios y planos. Como este modelo de aquí abajo: 400 metros cuadrados aproximadamente, que ronda los 182.000$, tierra aparte. ¿No está mal, no?



Aquí la sección del aislamiento: 




Todo esto lo convierte en una alternativa más que real, económica y eficiente de cara al Medio Ambiente. Así lo han demostrado los miembros del Instituto Nauhause en Carolina del Norte, con su prototipo la "NauHause". Un prototipo fabricado enteramente a partir de Hempcrete, del que tienes aquí el blog del proyecto a tiempo real: