Puede parecer insignificante el hecho de que tú o yo elijamos una prenda de algodón orgánico o de Comercio Justo pero realmente no lo es. Ese pequeño acto puede generar un gran cambio al otro extremo de la cadena de producción. Te explicamos los motivos.
Empecemos por el impacto medioambiental de la moda, algo que debería preocuparnos a todos. Las imparables exigencias de la moda, con sus “must”, “it” y tendencias que nos marcan las revistas y el continuo desfile de celebrities en las alfombras rojas del planeta hacen que las prendas que tanto atesoramos el año pasado este año no valgan para nada. La exagerada cantidad de ropa que consumimos deja una huella de carbono insostenible para el planeta Ojo a los datos. El sector textil en nuestro país produce al año más de 3 millones de toneladas de CO2, 2 millones de toneladas de basura y utiliza 70 millones de agua. Más de 1 millón de toneladas de ropa descartada acaba en los basureros cada año. Eso significa que, de media, cada uno de nosotros tira a la basura ¡30 kilos de ropa!
Esta sobreproducción también tiene efectos sobre la salud. La Organización Mundial de la Salud calcula que, cada año, 3 millones de personas son envenenadas por los pesticidas, la mayoría de ellas en países en desarrollo. Cuando los pesticidas se liberan en el medioambiente, comunidades enteras pueden verse afectadas .
Debemos consumir menos ropa y utilizar las prendas durante mucho más tiempo. Pero, además, la ropa que compramos debe tener un “valor añadido”: que beneficie a los granjeros y a los artesanos que la producen. Aquí es donde entra el Comercio Justo.
El Comercio Justo piensa en el futuro, trabaja mano a mano con los productores y permite que las comunidades inviertan en iniciativas medioambientales. Su planteamiento es el siguiente: si a los productores y los agricultores de algodón se les da la oportunidad de cuidar el medioambiente, sin duda lo harán. ¿Por qué iban a cargarse su medio de vida? La respuesta ahora, tristemente, es que lo hacen porque les empujan los míseros precios que consiguen por sus cosechas de algodón.
El Comercio Justo y las ONG’s que lo apoyan y lo difunden hacen una labor importantísima: enseñar a proteger el medioambiente y ayudar a las comunidades más pobres a tener una forma de vida digna. Enseñan y apoyan a las comunidades a cultivar sin el uso de los peligrosos pesticidas y con un menor gasto de agua. Se necesitan 2.000 litros de agua para producir una camiseta de algodón convencional, y ese consumo se reduce un 60% si se trata de una prenda de algodón orgánico o de Comercio Justo.
Tal y como están las cosas y a la espera, una vez más, de que los gobiernos realmente tomen el asunto en sus manos, lo único que podemos hacer es ayudar a estos pequeños granjeros consumiendo algodón orgánico y haciéndolo a través de las muchas asociaciones de Comercio Justo que existen.







